Neo Carmona
Hay personas a las
que uno aprende a admirar. Y hay otras que terminan formando parte de la manera
en que uno entiende la vida, la lealtad, el trabajo y hasta el sentido mismo de
la universidad. Para muchos, Jorge Asjana David es un líder académico, un médico
brillante, un gerente excepcional o el próximo rector de la Universidad
Autónoma de Santo Domingo. Para quienes hemos tenido el privilegio de caminar tantos
años cerca de él, es algo mucho más profundo: una escuela humana. Porque hay
hombres que enseñan desde los libros. Jorge Asjana enseña desde el ejemplo.
Lo he visto llegar
antes que todos y marcharse después de todos. Lo he visto soportar silencios
injustos, traiciones grandes y mezquindades enormes sin perder jamás la
serenidad ni la visión de conjunto. Lo he visto pensar primero en la
universidad, incluso en momentos donde otros solo pensaban en sí mismos. Y tal
vez por eso quienes verdaderamente lo conocemos entendemos que detrás del
dirigente universitario existe un hombre que ha cargado durante años el peso
emocional de querer salvar a la UASD de sí misma. Eso desgasta. Pero también
construye carácter.
A veces pienso que mucha
gente todavía no comprende la dimensión humana de Jorge Asjana David. Porque
resulta fácil admirar al académico exitoso, al cirujano prestigioso o al líder
que hoy despierta una fuerza política sin precedentes dentro y fuera de la
universidad. Lo difícil es entender el nivel de sacrificio silencioso que
existe detrás de ese recorrido. Las madrugadas interminables. Las decepciones
tragadas en silencio. La responsabilidad de mantenerse firme cuando muchos
alrededor dudaban, se cansaban o simplemente se acomodaban. Y, aun así, nunca
dejó de creer.
Esa, tal vez o sin
tal vez, ha sido su mayor rebeldía. Creer en la UASD cuando para muchos
resultaba más rentable burlarse de ella. Apostar por la academia cuando otros
negociaban intereses. Defender la institucionalidad cuando el caos parecía
convertirse en costumbre. Y, sobre todo, enseñarnos a quienes hemos trabajado a
su lado que el verdadero liderazgo no consiste en humillar, ni en imponer
miedo, ni en construir obediencias ciegas. El verdadero liderazgo consiste en
inspirar.
Y Jorge Asjana
inspira. No desde el discurso vacío, sino desde una coherencia que atraviesa
décadas. Desde la tranquilidad de quien nunca necesitó disfrazarse para ganarse
el respeto de la gente. Desde la autoridad moral que solo poseen aquellos que
han dedicado su vida completa a una causa mucho más grande que ellos mismos.
Por eso el fenómeno
que hoy vive la UASD alrededor de su liderazgo tiene una explicación mucho más
emocional que electoral. La gente no solo está apoyando a un candidato. Está
defendiendo una esperanza. Está abrazando la posibilidad de que la universidad
vuelva a parecerse a sus mejores sueños. Está apostando por un hombre que hizo
que miles de uasdianos volvieran a sentirse orgullosos de pertenecer a la Universidad
Primada de América. Y eso tiene un enorme valor en tiempos donde casi todo
parece vacío.
Quienes lo conocemos
de verdad sabemos que detrás de su firmeza existe una sensibilidad poco común.
Sabemos cuánto le duele la universidad cuando se desvía de su misión histórica.
Sabemos cuánto le afecta ver la desesperanza en estudiantes que merecen oportunidades
reales. Sabemos cuánto le preocupa que la academia dominicana pierda capacidad
de influir moral e intelectualmente sobre el país.
Porque Jorge Asjana
nunca entendió la rectoría como un premio personal. La entendió como una
responsabilidad histórica. Y quizás ahí radica la razón por la que tantos
sectores distintos terminaron encontrándose alrededor de su figura. Porque
incluso quienes no comparten todas sus posiciones reconocen en él algo
demasiado escaso en estos tiempos: autenticidad.
Asjana nunca ha
necesitado fingir cercanía popular ni fabricar compromiso social. Lleva décadas
viviendo la universidad desde adentro, respirando sus dolores, defendiendo sus
mejores causas y formando generaciones enteras de profesionales que hoy ven en él
la síntesis de una manera digna de hacer academia y política universitaria.
Por eso este momento
trasciende cualquier coyuntura electoral. Lo que está ocurriendo dentro de la
UASD es profundamente humano. Tiene que ver con la necesidad colectiva de
reencontrarse con liderazgos capaces de unir sin arrodillarse, de dirigir sin
maltratar y de construir sin destruirlo todo a su paso.
Y yo, que he tenido el privilegio de observar de cerca muchos de sus silencios,
de sus batallas y de sus convicciones más profundas, puedo decir algo con
absoluta honestidad: pocas veces he conocido a alguien con una fe tan obstinada
en el futuro.
Asjana nunca aceptó
la mediocridad como destino. Nunca permitió que la resignación sustituyera los
sueños. Nunca dejó que la UASD se redujera, en su corazón, a una simple
estructura administrativa. Para él, la universidad siempre fue una causa moral.
Una extensión del país posible. Una trinchera de dignidad nacional. Y quizás
por eso hoy tanta gente siente que su victoria ya dejó de pertenecerle
únicamente a él. Porque Jorge Asjana David logró algo extraordinario: convertir
la esperanza en una fuerza política real.
Pero más allá de eso, logró algo todavía aún más difícil: enseñarnos a muchos que el futuro no se espera sentado, no se mendiga y no se teme.
El futuro se
conquista.
El autor es servidor
universitario.
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