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lunes, 11 de mayo de 2026

Jorge Asjana: el académico que nos enseñó a conquistar el futuro


Neo Carmona

Hay personas a las que uno aprende a admirar. Y hay otras que terminan formando parte de la manera en que uno entiende la vida, la lealtad, el trabajo y hasta el sentido mismo de la universidad. Para muchos, Jorge Asjana David es un líder académico, un médico brillante, un gerente excepcional o el próximo rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Para quienes hemos tenido el privilegio de caminar tantos años cerca de él, es algo mucho más profundo: una escuela humana. Porque hay hombres que enseñan desde los libros. Jorge Asjana enseña desde el ejemplo.

Lo he visto llegar antes que todos y marcharse después de todos. Lo he visto soportar silencios injustos, traiciones grandes y mezquindades enormes sin perder jamás la serenidad ni la visión de conjunto. Lo he visto pensar primero en la universidad, incluso en momentos donde otros solo pensaban en sí mismos. Y tal vez por eso quienes verdaderamente lo conocemos entendemos que detrás del dirigente universitario existe un hombre que ha cargado durante años el peso emocional de querer salvar a la UASD de sí misma. Eso desgasta. Pero también construye carácter.

A veces pienso que mucha gente todavía no comprende la dimensión humana de Jorge Asjana David. Porque resulta fácil admirar al académico exitoso, al cirujano prestigioso o al líder que hoy despierta una fuerza política sin precedentes dentro y fuera de la universidad. Lo difícil es entender el nivel de sacrificio silencioso que existe detrás de ese recorrido. Las madrugadas interminables. Las decepciones tragadas en silencio. La responsabilidad de mantenerse firme cuando muchos alrededor dudaban, se cansaban o simplemente se acomodaban. Y, aun así, nunca dejó de creer.

Esa, tal vez o sin tal vez, ha sido su mayor rebeldía. Creer en la UASD cuando para muchos resultaba más rentable burlarse de ella. Apostar por la academia cuando otros negociaban intereses. Defender la institucionalidad cuando el caos parecía convertirse en costumbre. Y, sobre todo, enseñarnos a quienes hemos trabajado a su lado que el verdadero liderazgo no consiste en humillar, ni en imponer miedo, ni en construir obediencias ciegas. El verdadero liderazgo consiste en inspirar.

Y Jorge Asjana inspira. No desde el discurso vacío, sino desde una coherencia que atraviesa décadas. Desde la tranquilidad de quien nunca necesitó disfrazarse para ganarse el respeto de la gente. Desde la autoridad moral que solo poseen aquellos que han dedicado su vida completa a una causa mucho más grande que ellos mismos.

Por eso el fenómeno que hoy vive la UASD alrededor de su liderazgo tiene una explicación mucho más emocional que electoral. La gente no solo está apoyando a un candidato. Está defendiendo una esperanza. Está abrazando la posibilidad de que la universidad vuelva a parecerse a sus mejores sueños. Está apostando por un hombre que hizo que miles de uasdianos volvieran a sentirse orgullosos de pertenecer a la Universidad Primada de América. Y eso tiene un enorme valor en tiempos donde casi todo parece vacío.

Quienes lo conocemos de verdad sabemos que detrás de su firmeza existe una sensibilidad poco común. Sabemos cuánto le duele la universidad cuando se desvía de su misión histórica. Sabemos cuánto le afecta ver la desesperanza en estudiantes que merecen oportunidades reales. Sabemos cuánto le preocupa que la academia dominicana pierda capacidad de influir moral e intelectualmente sobre el país.

Porque Jorge Asjana nunca entendió la rectoría como un premio personal. La entendió como una responsabilidad histórica. Y quizás ahí radica la razón por la que tantos sectores distintos terminaron encontrándose alrededor de su figura. Porque incluso quienes no comparten todas sus posiciones reconocen en él algo demasiado escaso en estos tiempos: autenticidad.

Asjana nunca ha necesitado fingir cercanía popular ni fabricar compromiso social. Lleva décadas viviendo la universidad desde adentro, respirando sus dolores, defendiendo sus mejores causas y formando generaciones enteras de profesionales que hoy ven en él la síntesis de una manera digna de hacer academia y política universitaria.

Por eso este momento trasciende cualquier coyuntura electoral. Lo que está ocurriendo dentro de la UASD es profundamente humano. Tiene que ver con la necesidad colectiva de reencontrarse con liderazgos capaces de unir sin arrodillarse, de dirigir sin maltratar y de construir sin destruirlo todo a su paso.

Y yo, que he tenido el privilegio de observar de cerca muchos de sus silencios, de sus batallas y de sus convicciones más profundas, puedo decir algo con absoluta honestidad: pocas veces he conocido a alguien con una fe tan obstinada en el futuro.

Asjana nunca aceptó la mediocridad como destino. Nunca permitió que la resignación sustituyera los sueños. Nunca dejó que la UASD se redujera, en su corazón, a una simple estructura administrativa. Para él, la universidad siempre fue una causa moral. Una extensión del país posible. Una trinchera de dignidad nacional. Y quizás por eso hoy tanta gente siente que su victoria ya dejó de pertenecerle únicamente a él. Porque Jorge Asjana David logró algo extraordinario: convertir la esperanza en una fuerza política real.

Pero más allá de eso, logró algo todavía aún más difícil: enseñarnos a muchos que el futuro no se espera sentado, no se mendiga y no se teme. 

El futuro se conquista.

 

El autor es servidor universitario.